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En mi mundo

Soy un hombre «bonita» y «hermosa»

Nunca me he considerado un hombre con muchas cualidades, siempre he navegado en la línea de lo común y promedio, pero eso ha cambiado, porque ahora soy “bonita” y “hermosa”.

Cuando ella se refiere a mí con eso ojos brillantes e inquietos, con esa sonrisa increíble que me vuelve tan zurumbático que soy incapaz de formular versos complejos para describir su belleza, inteligencia y su increíble humanidad y debo disponer de mi única artillería verbal y le suelto a quema ropa “¡qué bonita eres!” o “¡eres muy hermosa!” con la esperanza de que pueda adentrar en esa pequeña cabeza y grabarle un bello recuerdo.

Ella que es increíblemente inteligente – agradecido porque su capacidad neuronal no fue impregnada por mí, sino por su madre – ha notado la increíble ausencia de intelecto en mi humanidad y se completamente, que ya sabe que soy un mangurrián entero, me lanza una inmensa sonrisa crapulosa, mientras me abraza con tanta intensidad que puedo escuchar mi fragilidad arraigada desquebrajarse en sus pequeños pero firmes brazos.

Mientras me quedo sin aliento por tan osado acto de afecto, al estar oliendo su perfecto y enredado cabello, siendo aterrado por inmensos temores de perderle, ella conjuga oraciones del corazón que ya han sido filtradas y resumidas para que una mente sencilla y torpe como la mía pueda entender:

– Papi, ¡eres bonita!, papi ¡hermosa!

Desearía un pecho más grande, tener más espacio ahí adentro, para que mi corazón desdichado no sea inhibido mientras de manera presumida y arrogante se expande tanto que siento que el muy fantoche disfruta el privarme del aliento. Yo con la poca fuerza que ella me ha dejado solo puedo responder de forma primitiva y mecánica:

– No cielo mío, ¡tú eres bonita¡, ¡tú eres mi hermosa!

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